Oportunidades para la economía solidaria en tiempos de coronavirus

Amanda Vargas
Doctora en ciencias económicas de la Universidad de Burdeos-Francia, Magister en Inteligencia Económica y Estrategias competitivas de la Universidad de Angers-Francia y profesional en Administración de empresas.

Hemos presenciado en los últimos meses, en el debate público, la reaparición del concepto de SOLIDARIDAD. ¡Estamos de moda! Este renacimiento ha permitido observar como las asociaciones de productores, las fundaciones, las cooperativas agrarias están en la primera plana de los medios de comunicación y han atendido esta crisis como actores fundamentales de soberanía alimentaria en un país como Colombia.

Escuchaba a Arturo Escobar el otro día – en uno de los tantos seminarios interesantes que encontramos por estos días en Internet[1] – sobre la crisis civilizatoria en América Latina, concepto que habíamos escuchado hace tiempo y que venimos usando como llamado de atención para demostrar la necesidad de otra economía. Sin embargo, hoy esto se vuelve de actualidad y exige ponerlo sobre la mesa una vez mas para entender lo que esta pasando. En este seminario varios sociólogos decían que el común denominador de la conversación era la incertidumbre, pues no sabíamos nada del virus hasta que empezó a llegar a nuestro país, a nuestras casas, a nuestras familias… un mundo globalizado en el que todos los productos y servicios se intercambian con una rapidez sorprendente, pero en diciembre se estaban muriendo en China y en Colombia ni cuenta nos dimos. Esa es la realidad de nuestro planeta, de hecho, ¡la preocupación se generó cuando empezó a subir el precio del dólar …!

Con respecto a esta crisis civilizatoria y la pandemia que vivimos, Escobar enfatiza en varias relaciones que debemos identificar y aquí hablaremos de dos particularmente. Por un lado, las relaciones sociales en donde se ve más marcado que nunca la desigualdad en países como Colombia. La precariedad en el empleo, la ineficiencia del modelo privado de salud, los desafíos para la educación y definitivamente la urgencia de la búsqueda de otro modelo económico. Por otro lado, La relación con la naturaleza y me llama la atención porque ya sabíamos que había una crisis ecológica y no habíamos hecho nada, tuvimos que vivir una pandemia para disminuir el consumo, bajar los niveles de contaminación de nuestras propias ciudades, y ahora estamos encontrando animales que se acercan a nuestras casas, delfines que nadan en playas que generalmente viven llenas de turistas, el color turquesa de los mares que regresa – tristemente no creo que sea por la limpieza de las aguas, sino más bien porque los sedimentos van a la profundidad debido a la inexistencia de los motores de los barcos, de los bañistas – A pesar de esto, tengo esperanza al creer que estamos en un momento en el que podemos reflexionar, un espacio para pensar si queremos seguir inmersos en esta sociedad de consumo desmedido o si descubrimos la importancia de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestro trabajo, de nuestros productos locales, de nuestras empresas, de nuestra vida.

Les presento entonces a continuación algunas propuestas para que reflexionemos y veamos esta crisis sanitaria como una oportunidad para reinventarnos como sector solidario, como comunidad, ¡como sociedad!

  • Es importante revisar las políticas de empleo de nuestro país. Ya nos dimos cuenta de que la mayoría de los colombianos no tiene un trabajo formal y los que tenemos la fortuna de tenerlo, es posible que sea solo por un tiempo. Esta inestabilidad hace que la situación sea aun peor. Vemos familias que dependen de pedir dinero en los semáforos, personas mayores que piden en esquinas, jóvenes que dependen del moto taxismo o de lo que puedan conseguir en su diario vivir. ¡Estas familias ya tienen hambre, hoy leía una caricatura en el periódico que decía que la bandera de Colombia era ahora un trapo rojo! Al ver el comportamiento de las organizaciones solidarias – incluyendo las de economía solidaria y las solidarias de desarrollo normativamente hablando – encontramos que son las familias que trabajan en este tipo de organizaciones las que están garantizando la soberanía alimentaria de nuestro país. Encontramos productores que ya habían iniciado procesos de cultivos agroecológicos y están tranquilos porque la cadena productiva la tienen garantizada. Ya tenían sus clientes, ya tenían negociado los precios gracias a una gestión de comercio justo, los consumidores confían en que doña María esta sana y que les enviarán sus fresas limpias. Esas relaciones de confianza son invaluables en momentos de crisis. Yo sigo pidiendo mi almuerzo a Tatiana quien garantiza el trabajo para madres cabeza de familia que cocinan deliciosa comida costeña. Confío en que Tatiana limpia los recipientes de plástico que reutiliza en su negocio para no usar plásticos de un solo uso. Tatiana les da empleo a los estudiantes de la Universidad, excompañeros suyos para que hagan los domicilios. ¡Y yo confío! ¡Porque así es la economía solidaria, todos nos cuidamos!
  • Leyendo un documento de Pablo Vommaro[2] habla, entre otras cosas, de la necesidad del fortalecimiento de los sistemas de salud pública. En Colombia han surgido dineros para esto (donde supuestamente no había). ¡En Colombia podríamos revaluar la función de los militares, pues ellos estarían en la capacidad de construir nuevos hospitales y además prestar el servicio… el rubro que tienen es importante en el presupuesto nacional y “con el fin de la guerra” no se sabe que harán… también ha salido a flote la falta de capacidad en los hospitales de los territorios fuera de las grandes ciudades… urge la creación de hospitales públicos regionales! Necesitamos que los militares se pongan la camiseta, pero no para hacer clases de rumba al frente de los edificios de Colina Campestre en Bogotá o para que pasean en los barcos de la marina saludando a los pocos residentes del Rodadero en Santa Marta, necesitamos que se pongan la camiseta para apoyar el personal medico en los hospitales, que acompañen a las fundaciones y asociaciones a entregar los mercados en los barrios mas vulnerables de todo el país ¡para eso necesitamos a los militares en un país donde supuestamente ya no hay guerra!
  • Con respecto a la educación, acá el reto es mayor. Lograr que los estudiantes y algunos profesores entiendan que es necesaria tener abierta la Universidad pública de su región, no solamente porque debes aprender contenidos y sacar buenas notas, sino porque de ellas dependen muchas familias de las regiones. En una ciudad como Santa Marta, el personal de servicios generales, los administrativos, los docentes, los catedráticos, los contratistas, ¡todos de alguna u otra manera dependemos de la Universidad pública! Sin hablar de los almuerzos y refrigerios que son entregados a todos esos estudiantes en situación vulnerable. La Universidad es el espacio de aprendizaje, pero también he descubierto que es un lugar para apoyarnos, para crecer como comunidad y ni se diga de su impacto en el desarrollo territorial. Algo muy interesante que he encontrado en redes sociales han sido las peleas, discusiones y hasta amenazas legales de los padres de familia de jardines y colegios, y varias son las razones, ¡consideran que las tareas enviadas, primero no corresponden a lo que pagan y segundo no son más que una hoja con logo para diligenciar, que es demasiado trabajo y tenerlos en casa ya es suficiente! También manifiestan que deben trabajar y que no pueden ocuparse de los niños. Yo me pregunto: ¿no es responsabilidad de los padres educar a sus hijos? ¿El cuidado del otro se restringe a pagar porque vayan a los colegios y jardines y que los profesores los eduquen? ¿Dónde quedo el compartir con los niños? ¿Dónde quedaron las conversaciones sobre lo aprendido en una jornada escolar? ¿Por qué los hijos se convirtieron en un estorbo para muchos padres? ¡Creo que es momento para pensar en nuestro rol como padres, hermanos, tíos, abuelos, cuidadores, profesores… urge dignificar los trabajos de cuidados! No es posible que el maestro sea el culpable de nuestra indiferencia y que los enfermeros y médicos estén siendo rechazados.
  • Escobar también hablaba de desarrollar comunidades, de decir no a las soluciones individuales. Necesitamos reinventar nuevas comunidades. Algo que me ha llamado la atención en mi edificio es que varios vecinos han puesto avisos en el ascensor donde se ofrecen para hacer las compras de las personas mayores. Esta solidaridad es innata en el ser humano y la hemos destruido pensando que siempre debemos ganar dinero a cambio de una buena acción. Esto me hace recordar el libro de Amartya Sen donde critica ese concepto tan arraigado del homo economicus, urge en estos momentos de crisis sobrepasar el homo economicus y reconocernos como seres sociales, parte de una comunidad y agentes de cambio en la sociedad.
  • Otra propuesta y algo que he visto de manera cercana en algunas organizaciones solidarias es el fortalecimiento de la autonomía local, en el Magdalena han hecho bases de datos sobre los negocios productivos para que compremos local. ¡El desarrollo de circuitos de proximidad! Esto lo llevan implementando hace años en Europa con dificultad. Acá tenemos todo para hacerlo y todavía centralizamos la comida en Bogotá. He visto como las organizaciones sociales se han activado en redes sociales y han puesto listas de teléfonos para llamar directamente al productor y poder pedir a domicilio varios productos. Lamentablemente también veo como los puertos siguen abiertos y las partidas por importación de productos agrícolas[3] no dan tregua a los pequeños productores nacionales. Es urgente que como país productor agrícola tengamos la soberanía alimentaria de nuestro territorio.

Referencias:

[1] https://www.youtube.com/watch?v=pOFQlsesLf8

[2] https://www.clacso.org/pensar-la-pandemia-observatorio-social-del-coronavirus/

[3] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/comercio-internacional/importaciones

Un comentario en «Oportunidades para la economía solidaria en tiempos de coronavirus»

  1. Lo aquí planteado me hizo reflexionar sobre como el desarrollo de la ciencia ha llegado a producir software con el cual se analizan los comportamientos diarios de las personas, sin que ellas lo sepan, caso Amazon, y sobre esa información crean los productos que dicha persona prefiere consumir según su estado anímico y emocional. Este tipo de actuaciones han llevado a la destrucción de sociedad para convertirla en consumidores que gracias al Covid 19 quedo en evidencia y el mundo en su totalidad hoy esta comprendiendo la importancia de la solidaridad, del reconocer al vecino, como lo dice la profe Amanda, de saber que hay personas que conforman la cadena de producción, distribución y consumo que merecen ser tenidas en cuenta en la construcción de unas políticas públicas que brinden oportunidades más igualitarias y menos discriminatorias.

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